Bienvenido, Señor de la Campiña

Una primavera más, como hace siglos, ya están de nuevo aquí. Para quienes hemos nacido en las campiñas cerealistas y pueblos agrícolas de la Baja Andalucía, la silueta y el vuelo elegante de los aguiluchos cenizos forman parte insoslayable de nuestros paisajes rurales, de nuestro imaginario colectivo, de nuestro patrimonio natural. Siguiendo los misterios de la naturaleza, en ese afán persistente por vivir, después de miles de kilómetros de vuelo migratorio, estas hermosas rapaces llegan a nuestros campos para reproducirse y criar a sus polluelos.

Se enfrentarán, como siempre, a un sinfín de peligros y amenazas que van desde muerte por cosechadoras, empacadoras y tractores hasta envenenamiento, depredación natural o quema de los rastrojos. Pero con la misma ilusión con la que empezamos en la primavera de 1997, año en el que dio comienzo el voluntariado ambiental para el salvamento de pollos de aguilucho cenizo, el grupo de trabajo formado por Alcarayón e Ituci Verde, trabajaremos sin descanso para ayudar a que sus nidadas prosperen y que, entre todos, consigamos que el próximo año vuelvan de nuevo aquí, a este Campo de Tejada, a esta Tierra de Aguiluchos.

Macho de aguilucho cenizo

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